Obtuve una llave de Mi bici pública, el servicio de bicicletas públicas de la ciudad de Guadalajara. La compré sin pensarlo dos veces a causa de los recientes gasolinazos; pero que después no la utilicé. Es peligroso andar en bicicleta por la ciudad.
Sin embargo, por azares del destino, tengo la camioneta en el taller a causa de un incidente vial y que me obliga a usar el medio de transporte público. Pensé: "Ahí está la llave, es hora de utilizarla".
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Nerviosísmo total. Tomé la bicicleta temblando, y temblando me fui por callecitas de la ciudad. A cada momento tenía que orillarme y pararme para dejar pasar a cada automovilista que estuviera detrás de mí. Dije: "Ni modo, primero mi seguridad, que se pasen". Todo el tiempo estaba a la defensiva en cada cruce, en cada acercamiento motorizado, en cada carro estacionado... Pero lo hice. Llegué a mi destino. Me sentí realizada...
Segundo día:
Decidí tomar otra ruta, porque la primera estaba llena de baches y tierra; es decir, había elegido una callecita que sólo la parchan cada año y los pavimentos son una catástrofe.
Ahora me fui por López Cotilla; una calle recientemente arreglada, muy adoquinada con ciclovía bien demarcada con pequeños bordos me hizo sentir más en confianza. Bajé por esa calle hasta Avenida Chapultepec; iba más tranquila, traté de disfrutarlo. Para tomar "Chapu", tomé el amplio camellón, y fue un prodigio, me gustó: No había peligro, no había carros; por el contrario, había árboles, había oxígeno... aire fresco... Me empecé a relajar... Fue gratificante.
Por último, tomé Efraín González Luna, una calle practicamente tranquila, pero angosta, por donde pude ser dueña a lo largo y ancho de sus pavimentos, hasta dar vuelta, tomar Vidrio y por último, llegar a Federalismo. Toda una proeza. Me sentí mejor. =)
Tercer día:
Misma ruta que la anterior, ahora con más confianza, mayor disfrute, más satisfacción y entereza; en pocas palabras, un trayecto corto que comienzo a dominar. Touché.

